martes, 9 de febrero de 2016

43.

Mientras lavaba los platos, le pedí a Abril que se quedara mirando a Sol que estaba despierta en su cochecito… Abril le jugaba, aunque claro que Sol no respondía demasiado aún.

Cuando terminé, sequé mis manos y me dí vuelta… No estaban.

Me asusté y corrí hasta su habitación, tampoco estaban.

Suspiré profundo y fui hasta mi cuarto.

- ¿Qué pasa? –Pregunté un poco enojada.- No podes llevarte a Sol así, es muy chiquita…
- No seas mala Paula.
- No soy mala, es muy chiquita y puede pasarle cualquier cosa.
- ¡Yo la cuido! –Me gritó.-
- Pero, vos también sos muy chiquita Abril.
- Entonces no me pidas que la cuide.

Suspiré y cerré mis ojos.

- Quería darte una sorpresa… -Me dijo con sus ojos llenos de lágrimas.-
- ¿Qué cosa?
- ¡Ahora no importa Paula! ¡Quedate con tu hija!

Y se fue corriendo, la seguí pero me cerró la puerta en la cara.

No pude evitar largarme a llorar y volví al cuarto porque Sol estaba sola y acostada en mi cama.

Cuando llegué, gracias al cielo estaba dormida, asique la acomodé en su moisés y luego de secar mis lágrimas me acerqué al cuarto de Abril.

- ¿Puedo pasar?
- ¡No!
- Por favor Abri…
- ¡No Paula! –Y pateó la puerta.-
- Hey, tranquila que te va a hacer mal.
- ¡Andate con tu hija! –Me gritó estallando en lágrimas.-
- Quiero hablar con vos mi amor.
- Yo no…
- Dale Abri, te está costando respirar. Dejame pasar.

Y de repente dejó de trabar la puerta, asique entré. Ella estaba arrodillada en el suelo, ahogada.

Me arrodillé detrás de ella y posé mis manos en su pecho.

- Tranquila… Trata de respirar hondo, como yo te enseñé.
- No quiero estar con vos.
- Hey, Abri… -Me senté frente a ella y tomé sus manos.- Dale, trata de respirar.
- Con vos no. ¡Quiero a mi papá!
- Papá está trabajando, perdón, no quería tratarte mal.
- Vos no me queres.

Se levantó y se acostó en su cama, boca abajo.

Yo me senté a su lado y llené de besos su espalda.

- Yo no te quiero… Te amo Abril.
- No Paula.
- Sí Abri, te amo muchísimo.
- Te olvidaste de lo que me prometiste en la clínica.
- No mi amor…

Hice que se dé vuelta y sequé sus lágrimas.

- No llores más que te cuesta respirar, dale. –Acomodé su pelo.- ¿Puedo abrazarte? –Negó con su cabeza.- Dale mi amor…
- No.
- ¿Por qué?
- Porque preferís a tu hija.
-Suspiré.- No, no es así mi amor… -Hice una pausa.- Es que Sol es muy chiquita y sola en la cama como estaba, puede girar para algún lado y caerse al piso porque no se da cuenta de esas cosas… ¿Me entendes? Y vos tampoco te das cuenta y está bien que así sea, porque son dos nenas, vos sos más grande pero seguís siendo una nena.
- Quería darte una sorpresa.
- ¿Qué sorpresa?
- No importa.
- Hey, dale… ¿Me perdonas?

Se encogió de hombros y yo le hice cosquillas.

Luego, la abracé y ella escondió su cara en mi pecho.

- Respira tranquila mi amor… Como sabes. –Besé su cabeza y comencé a masajear su espalda.- Estás muy agitada.
- No quiero que no me quieras.

Suspiré, me sentía demasiado culpable.

- Yo te amo y eso nunca va a cambiar.
- Pero no soy tu hija.
- Sí que lo sos… Mi corazón te siente como una hija. –Besé su frente.-
- Pero… ¿Sol?
- Sol también es mi hija, las dos. –Ella sonrió.- Dale, no llores más…
- No puedo.
- Y mmm… ¿Me perdonas?
- Sí, pero si no me tratas mal otra vez.
- Te prometo que no mi amor.

Abril se quedó un rato allí, hasta que se tranquilizó.

Se separó un poco de mí y sequé el resto de sus lágrimas.

- ¿Más tranquila?
- Sí. –Suspiró.-
- ¿Segura me perdonaste?
- Sí Pau.
-Sonreí.- Perdón, no quise hacerte sentir mal.
- Es que soy chiquita y de algunas cosas no me doy cuenta.
- Lo sé mi amor, lo sé. –Besé su cabeza.- Ya pasó, no te preocupes.
- ¿Puedo mostrarte la sorpresa?
- Obvio.

Abril buscó algo dentro de su mochila y me lo dio. Era un dibujo.

- Nos pidieron que dibujemos a nuestras mamás… Entonces, yo dibujé a mi mamá en el cielo… -Dijo señalándola.- Con alas porque es mi ángel. –Yo sonreí ante su ternura.- Y después te dibuje a vos, con mi hermanita y conmigo…

Y no pude evitar llorar, claramente el post-parto me tenía hipersensible.

Yo la abracé con fuerza y la llené de besos.

- Te amo tanto hermosa. –Le dije.- Gracias por dejarme ser tu mamá.
- Me encanta que lo seas, y yo también te amo.
- Perdón, era hermoso lo que tenías para mostrarme.
- No me voy a llevar más a Sol sin tu permiso.

Me separé un poco de ella y tomé aire.

- No quería tratarte así.
- Yo no quería que te asustes.
-Sonreí.- ¿Perdonadas las dos?
- Sí. –Sonrió.-
- Anda a lavarte la carita entonces.

Abri se fue y yo me acerqué a mi habitación porque la escuchaba a Sol llorar.

- ¿Me puedo quedar Pau?
- Obvio Abri, veni…

-

Esa tarde, por fin llegué a mi casa.

Pasé primero por el cuarto de Abril, quien estaba haciendo su tarea asique la dejé sola para no molestarla y luego, fui hasta mi cuarto.

Paula y Sol estaban en la cama, tal como le había prometido, las llené de besos. Primero toda la espalda de mi hija y después, toda la cara de mi mujer.

-Sonrió y me besó.- Hola mi amor…
- Hola amor. –La besé.- ¿Cómo están?
- Mmm… Bien.
- ¿Qué es esa respuesta?
- Algo que pasó con Abri, pero ya está todo bien.
- ¿Qué pasó?

Paula suspiró y me contó.

- Tiene que entender que no se la puede llevar.
- Sí, ya sé… Pero me parece que me pasé un poco.
- Bueno, pero ya está.
- Me dio mucha culpa Pepe.
- Pero hay cosas que las tiene que entender.
- No así.
- Hey, no te castigues… Estás muy sensible, reaccionas como podes.
- No me la quiero agarrar con ella.
- Tampoco la sobre protegas.
-Suspiró.- Si te molesta algo que hago con ella me…
-La interrumpí.- ¿Qué decís? ¿Estás loca?
-Rio.- No sé… Estoy rara y hago lo que puedo.
- Lo sé. –La besé.- Ya pasó lo de Abri, tranquila. ¿Sí?
- Sí… -Suspiró.-




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Poco queda...

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