lunes, 18 de enero de 2016

20.

- No voy a perderte otra vez mi amor… -Dije desde el otro lado de la puerta, sabía que estaba allí.-

Escuché que abría la puerta y me levanté.

- Capaz nos perdimos hace mucho tiempo. –Dijo mirándome a los ojos.-
- No digas eso.
- Siento que es así.
- ¿Puedo pasar?

Paula se encogió de hombros y se fue hacia dentro de su casa, yo la seguí y cerré la puerta.

Nos sentamos frente a frente, en el sillón.

- Pau…
-Me interrumpió.- No, para. –Suspiró.- Dejame hablar a mí.

Yo asentí y ella secó sus lágrimas.

- No llores. –Dije acariciando su mentón.-
- Desde el primer día supe que esto iba a pasar… Sabía que en algún momento no íbamos a poder evitarlo más, lo sabía y lo sentía. Siempre supe que íbamos a estar juntos un tiempo y que la verdad nos iba a estallar en la cara. –Hizo una pausa.- Es obvio que no confíes en mí, yo sé que te hice mierda y es algo de lo que me arrepiento todos los putos días de mi vida, sé que mi actitud fue horrible y no entiendo como no me odias.
- Intenté odiarte y no pude.
- Pero te lo dije recién, a veces el amor no alcanza…
- Yo no pienso así.
- Yo lo que pienso es que no quiero que sufras, ni que nos atemos a una relación forzada porque nos va a destruir.
- Yo quiero que nos amemos.
- ¿Amarnos a costa de qué Pedro?
- El amor solo quiere ser amor.
- No es lindo amar si sufrimos.
- ¿Vos sufrís?
- Si vos sufrís, yo sufro.
-Suspiré y tomé su mano.- No nos hagamos esto.
- Siento que a partir de ese beso en el consultorio nos ilusionamos con algo que sabíamos que era imposible.
- No es imposible.
- No podes vivir con miedo a que vuelva a lastimarte y yo tampoco puedo vivir sabiendo que no confías en mí.
- No es que no confíe en vos.
- ¿Y qué es?
- Que me da miedo… No podría perderte otra vez.
- ¿Entonces me dejas?
- No sé, no entiendo nada.
- ¿Ves por qué no quería que nos veamos? Esta charla no nos lleva a ningún lado.
- Yo quiero que vos dejes de llorar.
- Me duele lo que está pasando.
- A mí también.
- ¿Entonces qué hacemos?
- ¿Puedo darte un abrazo?

Paula se encogió de hombros y casi por impulso, nos abrazamos.

- Dejemos que nuestros corazones se regulen, dejemos a nuestros cuerpos que sientan lo que pasa acá. –Le dije.-
- No me desarmes con palabras lindas.
-Reí.- Te amo.
- Yo también te amo. –Me abrazó más fuerte.- Pero, no sé qué hacer con esto.
- Solo quedémonos acá.
- ¿Y Abri?
- Se fue todo el finde con mis viejos.

Suspiramos y no sé cuánto tiempo pasamos abrazados, solo sé que fue mucho.

Paula se separó un poco de mí y yo sequé los restos de sus lágrimas con mis dedos.

- Quiero estar con vos todos los días de mi vida. –Le dije.-
- No es lógico lo que estás haciendo.
-Reí.- ¿Quién dijo que el ser humano es lógico?
- Nadie…
- ¿Y entonces? –Reímos.- ¿Me perdonas? No quise tratarte así.
- Eso ya pasó, no es lo que me enoja o me duele.
- Es lo otro. ¿No?
- Que no confíes en mí me parte al medio Pepe.
- Yo sé que no volverías a hacerlo, lo veo en tus ojos. –Hice una pausa.- Pero, cuando te vas me da miedo. No sé.

Paula tomó suavemente mis mejillas.

- Te juro que no sería tan pelotuda otra vez.
- Lo sé.
- Entonces, sacate el miedo. –Y ahora posó sus manos en mi pecho.- Te prometo que nada va a separarnos si nosotros no lo buscamos.
- Me siento un nene. –Dije con un poco de culpa.-
- ¿Y no queres ser mi nene?
-Sonreí.- Sos muy linda. ¿Sabías?
-Sonrió.- Pienso que si en todo este tiempo lo que sentimos se mantuvo inmutable… No va a cambiar, aunque pasen mil vidas. –Dijo posando su mejilla en el respaldo del sillón y sin dejar de mirarme.-
-Acaricié su mejilla.- ¿Me perdonas?
- Si me prometes algo.
- ¿Qué cosa?
- Que si volves a tener miedo o cualquier cosa, me lo digas… Prefiero que lo hablemos, creo que ya somos grandes. ¿No? Aunque a veces tengamos actitudes de nenes.
- Te lo prometo. –Dije tomando su mano y ella sonrió.-

Pasamos algunos segundos mirándonos, en silencio.

- ¿Tengo que darte instrucciones? –Me preguntó.-
-Reí.- ¿Por qué?
-Revoleó sus ojos.- ¡Quiero que me beses Pedro!

Yo reí y la tomé por la nuca, para besarla.

- Así está mejor. –Sonrió y volvió a besarme.-
- ¿De verdad me perdonas?
- Sí, ya pasó. –Me besó.- En serio.

Nos dimos otro beso y volvimos a unirnos en un abrazo.

Besé desde su hombro hasta detrás de su oreja y la sentí sonreír.

- Te extraño. –Susurró en mi oído.- Hace mucho no tenemos una noche solos.
- Mmm… ¿Qué me estás proponiendo?
-Rio.- ¿Estás un poco lenteja?
- Puede ser.

Paula se separó de mí y me besó hasta hacerme caer en el sillón y reímos.

- ¿Te golpeé? –Preguntó riendo.-
- Me hiciste mierda la cabeza. –La abracé por la cintura.- Pero, no importa… -Mordí su labio.- Vale la pena si me besas.
- Eso también dolió. –Dijo tocando su labio y reímos.-
- Veni… -Dije acercándola a mí por su nuca.- Así te saco el dolor. –Reímos y nos besamos sin que nos importara nada más.-

Después de que nuestras bocas se recorrieran por completo, me separé un poco de ella.

- ¿Por qué no vamos a…?
-Me interrumpió.- Deja de ser tan convencional. –Reímos y me besó.- ¿O estás muy incómodo?
- ¿Con vos? Nunca.

Sonreímos y volvimos a unir nuestros labios en un beso mientras mis manos se deslizaban por sus infinitas piernas.

Sentí sus dedos enloquecer mi cuello, mientras sus labios capturaban a los míos y subí mis manos hasta sus hombros.

- Te amo. –Susurró en mis labios.- No lo dudes jamás.
-Negué con mi cabeza, haciendo que mi nariz se rocé con la suya.- Te amo mi amor.

Y quise besarla, pero no me dejó porque comenzó a desabrochar mi camisa con una sonrisa.

Sentí sus besos bajar desde mi cuello hasta mi abdomen y me daba cuenta que sentirla así me aislaba de todo lo malo. No podía dudar de lo que nos unía.

Tomándola por su cintura, hice que vuelva a mis labios y mirándola a los ojos le dije:

- No quiero dudar más de esto, me haces demasiado bien. –Susurré.-
-Sonrió.- Yo tampoco quiero que dudes. –Dijo despeinándome.-
- Quiero tenerte así de cerca toda la vida.
- Sos tan lindo. –Me besó.-
- Te hablo en serio. –Dije quitando su remera.-
- Nada ni nadie te lo va a impedir, es una promesa.

Y me besó mientras mis manos se deslizaban por la piel de su espalda.

- Yo también quiero que estemos así de cerca toda la vida.

Y estuvimos por varios segundos abrazados.

- Sentirte me inunda de paz. –Dijo volviendo a mi boca.- Pero, también me gusta que me inundes de otras sensaciones. –Guiñó el ojo y yo reí.-
- Te juro que me volves loco.
- ¿Y eso es bueno o malo?
- Es buenísimo. –La besé y desabroché su corpiño.-

3 comentarios: