sábado, 23 de enero de 2016

25.

Llamé a Paula, al borde de un ataque de nervios.

- Hola Pepe… ¿Qué pasa que llamas tan tarde?
- ¿En dónde estás?
- En la clínica. ¿Qué pasa? ¿Le pasó algo a Abril?
- Está morada, no puede respirar.
- Traela, entra directamente a mi consultorio.
- Ya salimos.
- Tranquilo… ¿Sí? Pero apurate.

Yo le corté y tomé a mi hija en brazos.

- Trata de respirar, por favor hija. –Susurré en su oído.-

Manejar en esas condiciones no podía, asique caminé con ella en mis brazos hasta la remisería que había en la esquina y pedí un auto urgente.

Abrí la ventanilla y corrí el pelo de su cara.

- Tranquila mi amor, tranquila que ya llegamos. –Dije acariciando su espalda.-
- Tengo miedo papá.
-Suspiré.- Ya lo sé, pero no va a pasar nada… Estamos yendo al consultorio de Pau.
- Pero no puedo respirar.
- Trata de seguir mi respiración Abri…

Por fin llegamos, le pagué al remisero y no esperé a que me diera el vuelto, bajé con Abril en mis brazos y tal como me había dicho, entré directamente a su consultorio.

Acosté a Abril en la camilla y entre los dos le quitamos la campera.

- Tranquila hermosa… -Dijo Pau acariciando su pelo.- ¿Me escuchas?

Abril asintió.

- Bueno… A ver… -Dijo buscando algo en su mueble.- Veni hermosa.

Se sentó en la camilla e hizo que Abril se sentara en sus piernas, puso un pañuelo con un líquido en su nariz.

- ¿Le sacas las zapatillas Pepe?

Yo asentí y descalcé a Abril.

- Trata de respirar tranquila… -Le dijo Pau.- Seguime a mí. –Dijo y comenzó a escuchar con el estetoscopio en su espalda.-

Pero, Abril no se tranquilizaba.

- ¿Me escuchas Abri?
- Sí.
- Voy a tener que darte una inyección para que te sientas mejor.

Y que Abril no se quejara de un pinchazo era porque se sentía verdaderamente mal.

Paula hizo lo que le dijo y Abril se quedó acostada en la camilla. Nosotros estábamos a su lado y la mimábamos.

- ¿Qué es lo que tiene Pau? –Le pregunté.-
-Suspiró.- No sé Pepe y eso me preocupa.
- No me asustes.
- No puedo decirte nada Pepe… Primero tiene que poder respirar bien y después la reviso bien.

Yo suspiré y bajé mi mirada, pero ella hizo que la mire.

- Tranquilo, yo la voy a cuidar.
- Gracias.

Pau me dio un beso y volvió su vista a mi hija.

- ¿Te sentís un poco mejor Abri?
- Un poco.
- ¿Queres tomar un poquito de agua?
- Sí.

Paula se paró y salió al pasillo, sirvió un vaso de agua en uno de los dispenser que había y volvió.

La ayudé a Abril a sentarse y ella tomó un poco de agua.

- Tranquila que no va a pasar nada, no tiembles. –Dijo Pau sentada a su lado, abrazándola.- De verdad. –Besó su sien.- Ahora te voy a revisar… ¿Sabes?

Abril asintió y Pau pasó un largo rato revisándola.

- ¿Vamos a otro lado que tengo que hacerte un electro? –Le preguntó.-
- Pero que venga papá.
- Sí, dale. Papá viene.

Yo la alcé y fuimos hasta aquel lugar.

No entendía nada y me desesperaba. Le puse la remera a Abril, quien no me soltaba y Pau observaba el estudio.

- Decime algo. –Le dije modulando mis labios.-
- Vayan a mi consultorio que ahora voy.

Yo asentí y fui con Abri hasta el consultorio de Pau, ella se acostó allí hecha un bollito y yo mimaba su pelo.

- Ya estás respirando bien… -Le dije.- ¿Estás un poquito mejor?
- Sí, pero me duele el pecho.
- Eso tenes que decírselo a Pau.

Y en ese momento entró.

- ¿Qué tenes que contarme mi amor?
- Que me duele el pecho.
- Tenes lo mismo que tenías antes de que te opere… ¿Te acordas?
- Sí.
- Es lo mismo, pero un poco más fuerte. –Hizo una pausa.- Te voy a poner un suero con un remedio que va a ayudar a que tu corazoncito vuelva a la normalidad. ¿Sabes?
- No quiero que me operes otra vez.
- No, tranquila. –Besó su frente.- No pienses en eso… Ahora solo pensa en tranquilizarte, con este suero vas a dormir un rato.

Preparó las cosas y la inyectó, nos quedamos mimándola hasta que se quedó dormida y no pude evitar largarme a llorar.

- Decime la verdad Pau.

Ella no dijo nada y me abrazó por el cuello.

- No llores mi amor.
- Decime qué tiene.

Paula se separó un poco de mí y secó mis lágrimas.

- Es lo que le dije a ella.
- ¿No me mentís?
- No, nunca te mentiría y menos con algo así.
-Suspiré.- ¿Y qué hay que hacer?
- Esperar… Debería llevarla a una sala de internación, al menos hasta mañana. ¿Me esperas acá?
- Sí, te espero.
-Me besó.- Te prometo que la voy a cuidar como siempre.
- Lo sé y no te das una idea de cuánto te lo agradezco.
-Acarició mi mejilla.- No llores más.

Me dio un último beso y se fue.

Yo me acerqué a mi hija y tomé su mano.

- Va a estar todo bien princesa… -Suspiré.- Es solo una más. –Besé su frente.- Sos fuerte, yo lo sé.

Al rato, estábamos en una habitación de internación y Pau se acercó a mí.

- Pepe… Con lo que le dí va a dormir por muchas horas. ¿Por qué no vas a buscarle al menos el pijama?
- No quiero despegarme de acá.
-Me miró.- Yo no voy a salir de acá, mi turno ya terminó… Dale, yo la cuido. Es mejor que vayas vos a que vaya yo. ¿No te parece?
-Suspiré.- Sí, tenes razón.
- Dale. –Me besó.-
- ¿Qué más le traigo? ¿Cuánto tiempo se va a quedar?
- Te juro que no lo sé, traele algo de ropa, su muñeca…
- Y la foto de su mamá.
- Eso iba a decirte.
-La besé.- Ahora vengo.
- Anda tranquilo.
- Vine en remisse igual, aprovecho para traer el auto.
- Maneja despacio.
- Sí Pau…
- Te lo digo en serio. –Me besó.- Tranquilo.

Yo la abracé y volví a quebrarme.

- No puedo estar tranquilo cuando pasan estas cosas.
- Lo sé, porque ni yo estoy tranquila. –Besó mi cuello.- Pero, poniéndote nervioso no vas a solucionar nada.
-Me separé un poco de ella y la besé.- Te amo.
-Sonrió.- Y yo te amo a vos. –Me besó.- Dale, anda que te vamos a estar esperando acá.
- Gracias.
- No me digas más gracias. –Reímos y nos dimos otro beso.-




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No sé en qué momento pasó, pero... Mitad de novela ya! :O 

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